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- En Sarandí, ante casi 12.000 almas enfundadas en
celeste, rojo y pasión, Arsenal igualó 1 a 1 con Gimnasia, de
Concepción de Uruguay, y se aferró al segundo pasaje a primera, luego
de aquella primera página gloriosa que escribió Olimpo, de Bahía
Blanca. El local contó con la decisiva ventaja lograda ocho días
atrás, en Entre Ríos, con el éxito por 2 a 1. Más aún: con una mínima
derrota, incluso, hubiera alcanzado también la primera, beneficiado
por la privilegiada posición general en la temporada.

Aguerrido, valeroso, con ráfagas de buen fútbol, con pasajes de
solidez y contundencia. Fue, detrás de Olimpo, el equipo que más
méritos hizo para lograr el ascenso. Lo logró con armas sólidas,
convincentes. Y lo hizo en una tarde sin luces, nublada no sólo en el
cielo, sino también en las ideas ofensivas.
El equipo que dirige Jorge Burruchaga, un hijo dilecto de la entidad
del Sur, se desorientó ante tamaño escenario. Más gente de la
prevista, más pasión que la acostumbrada. El fervor del público,
acaso, fue perjudicial para el equipo local, que en los primeros 45
minutos acusó la responsabilidad de sentirse tan cerca de primera.
La pelota, el campo, la responsabilidad, todo tuvo el color del
conjunto entrerriano. Gimnasia expuso los mejores momentos de fútbol e
ingenio en los botines de Pablo Cantero, que tuvo un primer tiempo de
lujo. Jugó e hizo jugar a todo el equipo. En ráfagas, lo acompañó
Colombo; por momentos, apareció en escena Leguizamón, que tuvo un par
de ocasiones de riesgo que contuvo Limia. Ceballos también estuvo
cerca del grito, mientras Arsenal seguía sin encontrar su verdadera
identidad. Mal, peligrosamente mal andaba Arsenal.

Hasta que Patricio González derribó en el área local a Cantero. Penal
cobró Baldassi y Leguizamón abrió el score, ante el silencio general.
Era justo. Más aún: hubiera merecido un tanto más. Pero Cantero dejó
el ingenio y el talento en el entretiempo. Casi no apareció más y
Arsenal se puso el traje de primera. El fervor de Carlos Ruiz, el
capitán, fue el camino que eligió el equipo que conduce Jorge
Burruchaga. Y el zaguero fue el símbolo de la recuperación.
Atacó. Buscó. Insistió. Se despertó Arsenal. A los 6 minutos del
segundo capítulo, tras una buena combinación ofensiva, Javier Morales
anotó el empate y comenzó el delirio en Sarandí.
Gimnasia no era el que supo ser, Arsenal, claro, tampoco. Se adueñó de
la fiesta con garra y personalidad. Se aferró con desesperación a la
primera. Y ya nadie le pudo quitar la ilusión a un equipo generoso,
aguerrido, valiente.

Un conjunto que no tiene figuras. Aportaron todos al anhelo de
campeón. Jorge Burruchaga, el técnico, que prefirió la solidez y el
juego solidario. Que prefirió el bajo perfil, pero con el
convencimiento de que el sueño de primera era posible.
De atrás hacia adelante, el arquero Oscar Limia siempre ofreció
seguridad y confianza. Tuvo el apoyo de Carlos Ruiz, el capitán, un
hombre que no debería incomodarse con los vaivenes de la primera
división. En el mismo escalón se ubicaron Gastón Esmerado, un volante
todo terreno, Gustavo Grondona, con sus ráfagas de buen juego, y el
poder del gol de Facundo Gareca. Ellos fueron la verdadera columna del
campeón.
Arsenal es de primera. Lo merece. Fue el mejor, de principio al fin.
Por Ariel Ruya
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"Es lo mejor de mi vida"
"Esto es lo mejor de mi vida. No lo puedo comparar con nada. Ni
siquiera con la final de México `86. Esto es un largo sueño que se
convirtió en realidad. Arsenal es de primera y ojala que sea por
muchos años", dijo, muy emocionado, Julio Grondona, titular de la AFA,
a Radio Rivadavia. El dirigente vivió el partido desde su casa. "Nos
cobraron dos penales; uno en cada partido. Para mí, el de hoy (por
ayer) ni siquiera fue en el área. Y después dicen que Arsenal tenía
ventajas", dijo.
Fuente: La Nación 19/5/02
Arsenal ya está en primera
Un gol de Javier Morales le aseguró ayer la satisfacción más grande de
su historia y desató una fiesta enorme en un barrio cargado de fútbol.
El barrio entero estaba en el Viaducto, que lucía desbordado como
nunca en su historia, deseoso de un festejo único. La receta de
siempre —una gran dosis de humildad y otra idéntica de productos
surgidos en la casa— había colocado a Arsenal en la frontera de la
máxima categoría. Y ese gol de Javier Morales, que llegó en el momento
exacto para derrumbar las ilusiones de los entrerrianos, disparó el
festejo de Sarandí entero. Los más emocionados eran los mayores, los
que peinan canas, los que conocieron el génesis de esta historia, allá
por 1957 en el café "Las 3 F" del corazón de Sarandí. El empate 1-1
fue una anécdota más del camino hacia la Primera que dibujó el equipo
de Jorge Burruchaga, otro fruto de la cantera de Arsenal. Sí, porque
Arsenal hoy es de Primera, aunque cueste creerlo. Tal vez sea el
equipo más pequeño que disputará la próxima temporada. Pero el orgullo
de formar parte, de jugar por derecho propio ante los grandes del
fútbol argentino nadie se lo podrá quitar.
Es imposible hablar de Arsenal y no mencionar el apellido Grondona.
Los lazos de sangre van atados a su historia desde el primer día de
vida del club. Julio, el presidente de la AFA y vice de la FIFA, lo
fundó. Héctor Emilio, su hermano y ex presidente de Independiente, lo
llevó con sus goles de la categoría aficionados a la C, y de allí a la
B. Su hijo, Gustavo, jugaba en 1992 cuando el equipo de Sarandí
desembarcó en la B Nacional (su padre era el presidente). Y ayer
festejó desde adentro, ahora que Julio (hijo) es el vicepresidente del
club. En cuatro de los cinco ascensos de Arsenal —el de ayer fue el
primero que consigue en su estadio— hubo un Grondona con la camiseta
celeste —por Racing— y roja —por Independiente—.
Gimnasia de Concepción del Uruguay arrinconó a un descolorido Arsenal
en el principio. Pablo Cantero era incontenible. Jorge Vendakis mandó
al escurridizo volante a jugar de "comodín", controlando con tres
defensores a los dos delanteros locales. Y como los de Sarandí no
desarmaban por nada del mundo la línea de cuatro atrás, Cantero
quedaba sin marca en el medio. Además, su movilidad le imprimía una
importante cuota de sorpresa a los avances visitantes. Un arranque
suyo por la izquierda desbarató la seguridad rival y Patricio González
no tuvo mejor idea que derribarlo cuando caminaba hacia el gol.
Leguizamón no dudó desde los doce pasos y fijó el 1-0, que acercaba a
Gimnasia hacia el fútbol grande. En el último minuto de esa primera
etapa casi lo logra el delantero de Concepción del Uruguay. Cantero
tiró un centro que Limia no pudo detener, pero Leguizamón no llegó a
interceptarla.
Arsenal llegaba golpeado al entretiempo. En el umbral de la felicidad,
dudaba y era superado. Gustavo Grondona tuvo que recurrir al fuego
sagrado en envase de camiseta para revertir la historia. Desempolvó un
juego de remeras usado en el ascenso del 92 para transmitir la
mística. El resultado fue inmediato: a los 7 minutos González decretó
la igualdad. Después, hubo que aguantar, morderse los labios, contener
la emoción hasta que el reloj dijera "se acabó". Y llegó la fiesta con
el pitazo del juez Héctor Baldassi. En la cancha, en las tribunas y en
las calles. Sarandí festeja, el humilde Arsenal es de Primera.
Ricardo Puyol
Fuente: Clarín 19/5/10
Diario Hoy de La Plata - Arsenal es de Primera:
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La Nación - La alegría que esperó 45 años:
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